Celebrando 100 años de Antonio Kusanovic Senkovic
La historia de Las Torres Patagonia se ha entrelazado con este territorio desde inicios del siglo XX. Una trayectoria marcada por la determinación a adaptarse a los cambios, respetar la tierra, y poner a la sostenibilidad, la familia y la tradición como guías para determinar el sendero.
En este camino, Antonio Kusanovic Senkovic se transformó en un verdadero pionero de la región, quien, inspirado por cuidar a su familia, tuvo una visión y en ese horizonte dibujó lo que sería Hotel Las Torres. No solamente un hotel, sino una invitación a viva voz hacia el mundo para conocer Torres del Paine.
En enero de este año, se cumplen 100 años del nacimiento de Antonio, quien fundó el hotel junto a su esposa, Amor Eliana Marusic. En este blog queremos que nos acompañes en un recorrido por su vida, obra y legado que dejó sembrado en el Parque Nacional Torres del Paine.
El sueño patagónico de una familia croata
La familia Kusanovic comenzó su historia de la mano de un joven pionero croata a principios del siglo XX, quien dejó atrás su hogar para construir uno nuevo en este rincón del mundo. En Magallanes trabajó la ganadería y a punta de esfuerzo y determinación hizo de Chile su nueva casa.
Para la década del 60, el legado familiar de los Kusanovic en la Patagonia continuó con la visión y el trabajo del hijo de este intrépido croata, Antonio Kusanovic Senkovic, un hombre que trabajó las tierras de su padre y mantuvo viva la visión y espíritu innovador de su familia.
Introdujo nuevas especies de ganado traídas desde Australia, las que seleccionó personalmente, posicionando a Cerro Negro como una de las estancias más innovadoras de la región.
Antonio amplió la presencia de la familia de la Patagonia, a través del trabajo duro, la inversión y la visión para seguir expandiendo los alcances de la ganadería nacional. Introdujo nuevas maquinarias e involucró a gran parte de su familia en este proyecto.
Estancia Cerro Negro hasta el día de hoy guarda la tradición y el legado de la familia en la región. Nuestros pasajeros de los programas All Inclusive, que nos visitan desde Punta Arenas, pueden visitar la estancia y conocer una muestra de cómo era la vida de Antonio y su familia en el siglo pasado.
La familia que escribió su historia en Torres del Paine
Antonio no estaba solo. A su lado estaba su compañera de vida: Amor Eliana.
Quienes conocieron a Amor cuentan que era una mujer dulce y encantadora, pero con la misma determinación y empuje que su marido. Ambos hacían del trabajo duro una religión y estaban comprometidos a innovar, construir y defender su legado.
Para la década del 70, Antonio, ya con cuatro hijos junto a Amor, se había ganado la reputación de un estanciero pragmático y con apetito por el riesgo. Cualidades que le permitían considerar distintas opciones, aunque algunos más conservadores cuestionaran como una locura de Antonio.
Sus hijos siempre fueron parte del trabajo y hasta el día de hoy, algunos siguen estando estrechamente relacionados con la empresa familiar, a tal nivel que sus nietos juegan un importante papel en la visión de su padre. Una visión que nadie se imaginaba a dónde podía llegar.
La semilla que plantó Antonio en el corazón de Torres del Paine
Para 1979, el negocio familiar había alcanzado un nuevo punto de prosperidad. Una puerta que se abría para apostar por una nueva oportunidad.
Este nuevo capítulo llegó para escribirse en una tierra ubicada en las cercanías de lo que en ese momento era el Parque Nacional Torres del Paine, antes de su expansión. Dichos terrenos eran una franja escarpada y remota. Aunque las vistas eran impecables, y la naturaleza era impresionante, los caminos eran precarios, los inviernos sin cuartel e infraestructuras mínimas.
Todos pensaban que estaba loco. Cuestionaron su distancia de los pueblos más cercanos y la inexistencia de puentes y proveedores de insumos. Dicho lugar era la Estancia Cerro Paine.
Para quienes no contaban con la brújula que ordenaba las decisiones de Antonio, la compra de estos terrenos era una pesadilla logística por desenvolverse. Para él, era un sueño.
Tomando el destino por las riendas
Con la llegada de la década de los 80, una crisis económica disparó la inflación, devaluó el peso y como a muchos empresarios de la época, una avalancha de deudas arrastró consigo lo que muchos habían construido.
La operación ganadera de Antonio apenas lograba cumplir con los pagos de las tierras. Los días se hacían largos, las opciones se reducían, el tiempo avanzaba y decidió llamar a su hija Liliana para contarle su decisión.
Algunos podrían pensar que vender era la mejor decisión, pero Antonio no deseaba abandonar la tierra que había trabajado durante décadas y despertar del sueño que estaba viviendo mientras estaba despierto. “Dijiste que empezara un nuevo negocio, así que voy a construir un hotel”, le comunicó a su hija desde el teléfono, quien en ese momento se encontraba estudiando un MBA en Estados Unidos.
La reacción no se dejó esperar. Liliana sabía que su padre no sabía mucho de turismo. Había pasado toda su vida trabajando la tierra y los animales, construyendo cercos para soportar vientos inclementes, y ahora deseaba hacer de la hospitalidad y la aventura su proyecto.
En la década del 90, luego de vender la Estancia Mina Rica, para saldar sus deudas con la banca, Antonio decidió construir una hostería con 9 habitaciones y un restaurante, lo que iría evolucionando hasta transformarse en el Hotel Las Torres.
El legado de Antonio: Un compromiso con el turismo sostenible
Al lado de Antonio estuvo siempre Amor. El pilar silencioso de la familia, la estrella que guiaba su camino a casa en las noches más oscuras y quien sostuvo su mano en las pendientes más complejas de este sendero.
Amor, como su nombre la presenta, se transformó en el corazón de este proyecto. Veló por la hospitalidad, mantuvo vivas las tradiciones y mantuvo unida a la familia a través de las corrientes de este emprendimiento que iniciaron.
Antonio no entendía mucho de este nuevo rumbo, pero creía fervientemente que debía seguir este camino. Orientado por las voces de su familia y sostenido por las manos de su clan, el proyecto evolucionó positivamente año a año. Expandieron la hostería hasta transformarla en hotel, construyeron refugios de montaña, habilitaron zonas de camping y se comprometieron con la sostenibilidad.
Aunque Antonio no alcanzó a ver la consolidación del proyecto y falleció a solamente cinco años de iniciado este camino, su familia continuó su legado; su esposa, sus cuatro hijos y sus 10 nietos siguen hasta el día de hoy manteniendo vivo su sueño.
Hoy, a 100 años del nacimiento de Antonio Kusanovic Senkovic, celebramos su vida, brindamos por su determinación, y recordamos el camino que nos ha llevado a este momento.
Si deseas conocer de cerca este proyecto y encantarte con la tierra que enamoró a Antonio Kusanovic Senkovic, te invitamos a visitar su obra en Hotel Las Torres y ser parte de nuestros huéspedes y construir tu historia en el corazón del Parque Nacional Torres del Paine.



.jpg?width=2424&height=1566&name=Primeras%20Hab3%20(1).jpg)

